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Conociendo un poco más a SILVESTRE DANGOND

Tomado de: Revista Bocas

SILVESTRE DANGOND nació en Urumita, La Guajira. Su papá, William “el Palomo” Dangond, fue cantante, sin mucho éxito. Su padrino de bautizo es el polémico vallenato Jorge Oñate. Y su tío político fue el compositor de La creciente (Hernando Marín). Estudió en Valledupar. Allá vendió empanadas frente a la terminal de transportes, y a los 19 años se fue para Bogotá a dar serenatas. Empezó tocando en un bar en La Calera, hasta que armó su propio conjunto vallenato. Entonces solía perseguir a cantantes como Jorge Celedón para que, al final de los conciertos, en los remates de parranda, en apartamentos, lo dejaran servir el trago y, con suerte, cantar una canción. En el 2002 grabó su primer álbum, "TANTO PARA TÍ". En el año 2004 se apuntó un hit con su canción "LA COLEGIALA", y de ahí en adelante la fama y el dinero comenzaron a llegar.

Entonces no caía del cielo en sus conciertos. Salía vestido de jean y camiseta, se presentaba en casetas, muchas veces borracho, y pesaba 130 kilos. Pero empezó a cambiar, por lo menos físicamente, en el año 2007, en un Carnaval de Barranquilla. Ese año, el 16 de febrero, salió al escenario con faja y drenando sangre. No se le notaba, pero bailaba despacio, sin gracia y sin los brincos y energía que lo caracterizan en tarima. Detrás del escenario, dos enfermeras y un médico lo vigilaban porque apenas 20 días atrás le habían practicado una lipectomía y una liposucción. “Así salimos a cantar en 12 conciertos, salimos porque yo también estaba operado, nos hicimos la cirugía el mismo día, SILVESTRE en Barranquilla y yo en Valledupar”, dice Juancho De la Espriella, quien fue su acordeonero por diez años y quien agrega: “Para mí, hoy SILVESTRE DANGOND es como el Michael Jackson del vallenato”.

Un año después de ese carnaval y ya con su peso actual, 85 kilos, lanzó por primera vez uno de sus discos en el Parque de la Leyenda Vallenata: "EL ORIGINAL", el de "ME GUSTA, ME GUSTA". Y siguió repitiendo la hazaña de llenar el mítico parque año tras año. Hoy, a sus 34 años, se presenta ante cuatro millones de personas al año en los 250 conciertos que ofrece en el país. Cobra 100 millones de pesos por presentación. Y también realiza giras por Estados Unidos y Europa.

La puerta del ascensor se abre en la mitad de la sala de su apartamento de 500 metros cuadrados, en el norte de Bogotá. Los muebles están cubiertos con sábanas, y aunque SILVESTRE DANGOND solo sabe tocar la guitarra, hay un gran piano de cola blanco. Todo parece en desuso. “Aquí lo único que se siente es el eco de la soledad, porque yo aquí no tengo a nadie, ni agua te puedo brindar”, dice mientras esculca los cajones de la cocina. Son las diez de la mañana, busca algo para desayunar, pero solo encuentra una leche y unos cereales vencidos. “Es que yo aquí no vivo, hermano, yo vivo es en Miami”. Hace tres años se radicó en Estados Unidos con su esposa, Pieri Avendaño, y sus hijos: Luis José, de diez años; Silvestre José, de ocho, y José Silvestre, de tres. Pero la mayoría del tiempo está en el país por sus presentaciones. Casi siempre solo, en su megaapartamento y sus casas de campo en Barranquilla y Valledupar. Desde que se fue, asegura, se convirtió en una mejor versión de sí mismo. En Colombia se la pasaba de escándalo en escándalo...

¿Está arrepentido de alguno de sus escándalos, cree que tiene que cambiar?

¿Arrepentido? Noooo, no mi hermano, yo no me arrepiento absolutamente de nada. Y cambiar para mí es como quitar parte de mi esencia. De pronto medirme, pero corregirlo no, quitarlo no, me parece que si me quito eso ya no soy yo.

¿Cómo es el cuento de que usted es de ascendencia francesa?

¡Ja, ja, ja...! Yo vengo de un francés –pero cruzado, marica–, cruzado con wayú, de La Guajira.

Y de una familia muy adinerada...

No sé bien. Tengo entendido que sí. Lo que pasó es que mi papá no fue hijo de matrimonio, nació por fuera y nunca tuvo los beneficios de los otros Dangond. Pero nosotros somos gente muy humilde, por parte de mi mamá somos todavía más campesinos y de parte de mi papá también muy humildes, somos gente de pueblo.

¿Es verdad que en su pueblo, Urumita, le decían Chivas, por el whisky?

Sí, me decían Chivas, pero no porque tomara whisky, era porque yo cantaba en las parrandas en Urumita, y me ponían a echar el trago (a servirlo). Siempre era así en mi pueblo. Ya luego cuando se cansaban los duros, me ponían a cantar a mí, ¿si me entiende? Cuando todo el mundo se mamaba decían: “denle una ahí a SILVESTRE”.

En su casa parrandeaban vallenatos famosos...

Claro. Todos cantaron en mi casa, los más famosos: Poncho Zuleta, Beto Sabaleta, Silvio Brito, Israel Romero, Rafa Orozco y Jorge Oñate, que es mi padrino. Lo que pasa es que yo estaba cortado por lado y lado, por el lado de mi papá, William Dangond, que era parrandero y cantante, y que terminaban rematando en mi casa. Y por parte de mi mamá, Dellys Corrales, porque una hermana de ella, Edelmina, tía mía, era esposa del compositor Hernando Marín (el autor de La creciente) y a él lo iban a buscar todos los músicos para pedirle canciones. A la hora de pedirle canciones, pues terminaban parrandeando y yo siempre estaba ahí.

¿Se puede decir que tuvo una infancia pobre?

No, no. Yo no te puedo decir que pasé hambre, por ejemplo, yo me metía las tres comidas siempre, mal, pero me las metía.

¿Y vendió empanadas en Valledupar?

Sí, claro. Mi papá tenía un restaurante, pero era pa’ coteros. Y no era un restaurante exactamente, era una esquina donde vendíamos gaseosa, cerveza y empanadas, que quedaba afuera de la terminal de transportes. Y ahí, en esa esquina, se hacían todos los coteros a esperar que llegaran las mulas para cargar cosas. Al negocio le decían “El Palomar”, porque a mi papá le decían “el Palomo”. Se puede decir que me crie entre coteros y choferes.

Su mamá trabajó como empleada del servicio…

Sí, sí, eso es verdad. Lo que pasa es que cuando ellos se separan mi mamá se fue a vivir a Bogotá, sin nada, y le toca hacer de todo. Después mi papá se fue detrás de ella y me dejó en Valledupar, donde duré como año y medio solo. Y a los 19 años me fui yo también para Bogotá, a vivir con ellos.

En Bogotá empieza su historia en la música, ¿cómo fue?

Cuando yo llegué mi papá me conectó con unos amigos de La Guajira, vallenatos, y yo salía con ellos y mi guitarra, sin cobrar. Cantaba en tiendas, en apartamentos, todo era por trago y comida. Así duré unos meses. Hasta que me descubrieron unos músicos y me pusieron a tocar guitarra en una taberna muy famosa en La Calera que se llamaba La Cabaña, pero ahí duré poco.

¿Por qué duró poco en La Calera?

Porque me conseguí un acordeonero que tocara solo para mí y me independicé con él. Ahí sí empecé a cantar y llegué al grupo de cantantes que tenía que llegar, que eran los de aquí de Bogotá: Felipe Peláez, Carlos Huertas, Coco Zuleta y Chabuco. Cuando yo llegué donde ellos, ellos me dieron la aprobación y ahí grabé mi primer disco en el año 2002, que lo produjo Felipe Peláez. Y ese disco lo llevamos a Sony y ahí empecé mi carrera con ellos.

¿Soñaba entonces con ser un Diomedes Díaz?

Sí.

¿Y todavía sueña con eso?

Mira mi hermano, los grandes son los grandes y son irreemplazables, prácticamente inimitables. ¡Es tan difícil imitar a Diomedes Díaz! ¡Es tan difícil imitar a Poncho Zuleta o a Jorge Oñate! Como son tan difíciles de imitar yo dije: “Esos manes ya armaron su castillo, ¿entonces yo qué tengo que hacer? Armar un castillo al lado de ellos, pero diferente”. Hay que darle a la gente algo diferente.

¿Qué concepto tiene hoy de Diomedes Díaz?

Diomedes Díaz es sobrenatural. Diomedes Díaz es irrepetible. Si llegara a haber otro Diomedes, eso iría en contra hasta de los designios de Dios.

Ahora que menciona a Dios, veo que tiene un libro cristiano en la mano, de Alex Campos. ¿Se volvió cristiano como su exacordeonero Juancho De la Espriella?

Yo sé que Dios existe y tengo una relación con Él muy personal, muy mía, aunque vivo en una pelea muy jodida con el pecado por el tema de las mujeres y el trago. No es fácil. He tenido momentos en los que me he acercado a Él y otros en los que me he alejado. Como altos y bajos y eso tiene que ver mucho con el desorden que uno lleva. Pero creo que obrar bien paga y lo digo por mi experiencia: cuando estoy en los caminos correctos, todo brilla, y cuando estoy en mi desorden, de pronto la música sigue brillando, pero otras cosas se van desvaneciendo.

Usted vive en la noche, en la parranda, ¿es difícil manejar ese tema ahí?

Lógico, yo a veces, cuando he durado en mi desorden, me da pena hermano, me da pena hablarle a Dios, me da pena coger la Biblia y arrodillarme a rezar. Pero lo hago, y me desvanezco y lloro, yo le digo: “No estoy haciendo las cosas bien, ¿qué me está pasando?”.

¿Cree que ha influido en ese desorden el hecho de que usted se haya vuelto famoso tan joven?

Sí, claro, uno puede equivocarse. Y sin tutor, porque en el vallenato cada quien es dueño de sus actos, no es como en el pop que hay mánager y un departamento detrás de la persona que le dice a uno cómo se va a vestir, no. Aquí estás solo, y dedicado a la parranda, a lo bohemio, y para completar uno se mete sus tragos en tarima, pues imagínate...

¿No ha pensado que usted puede terminar como Diomedes Díaz, en el sentido del desorden, del trago, de las drogas?

Yo declaro con mi palabra que no sea así, ante los ojos de Dios no. Cómo voy a querer eso yo, si los shows míos de hoy en día no permiten ni que yo llegue borracho. Mis shows ya no permiten eso, por el baile, por el corre corre, por la sincronización que hay que tener, no me permiten emborracharme, eso era antes, pero cría fama y acuéstate a dormir, eso es lo que pasa compadre.

Entonces, ¿ya no toma, no consume droga?

Te voy a hablar en nombre de toda la nueva generación del género vallenato: ninguno consume drogas, ninguno de mis colegas consume drogas, somos personas limpias, y meto la mano por todos, tanto por los cantantes como por los acordeoneros, todos están limpios. Algunos beben, y otros ni beben, yo creo que el único que bebe bastante de esta generación soy yo.

¿Tuvo problemas con las drogas?

No, nunca he tenido problemas con las drogas, que yo diga, no marica, esta mierda me tiene enganchado no, que voy a incumplir, no, nunca; nunca he tenido problemas con las drogas, he tenido más problemas con el alcohol.

¿Pero las consume?

Eso si lo dejo a la reserva del sumario, piensa lo que quieras, esa es mi vida personal. Si te digo que he tenido problemas con el alcohol, es porque sí. Me encanta. Y yo lo he dicho: me fascina. Y soy de los que aquí, en este apartamento, ahorita, agarro una botella, pongo música y duro 24 horas bebiendo.

¿Ha tenido problemas con su familia por la parranda?

Yo nunca hablo de mi vida familiar, todo lo que se diga de Silvestre Dangond en la parte familiar es chisme, eso nunca lo he ventilado. Te puedo decir que ahora estoy pasando por un buen momento con mi familia y eso me da tranquilidad y seguridad.

¿Cuánto tiempo le duró su parranda?

Más o menos desde la época del 2003 hasta el 2010. Desde que comenzó "LA COLEGIALA", toda esa época hasta "CANTINERO", en 2010, cuando me empezó a mí a cambiar el chip.

¿Y por qué fue ese cambio de chip?

A mí me cambió el chip Estados Unidos. Yo todavía no vivía allá, pero fui a un concierto y escuché en la radio Me gusta, me gusta, pero cantada por Elvis Crespo. Y a mí me dio una envidia, de la sana, pero me dio inconformidad también. Yo decía: “marica, pero este ‘man’ cogió mi canción, la tiene aquí pegada, le hizo tronco de video y la mía que es mejor, que es la original, aquí ni siquiera la ponen”. Luego dije: “Si él puede, por qué yo no”.

¿Y en qué cambió?

Empecé a usar vestidos enteros, a meterle producción a la tarima. Yo dije: ¡Eche, yo tengo que empezar a diferenciarme de los demás! Comencé a pensar como empresa. A pensar en otros formatos de los shows. Tú puedes ver mis videos pasados y me ves con cualquier jean y camiseta cantando, bien sencillo. Pero yo comencé a cambiar porque empecé a darme cuenta de cómo lo hacían otros artistas, Alejandro Sanz, Arjona, Ricky Martin, Marc Anthony.

¿Recuerda una anécdota de esa época?

Una vez, en Aguachica, Cesar, en ese deseo de cambiar, armamos una tarima de tal forma que yo debía salir por detrás de la gente, pero cuando ya llegó la hora del concierto, yo salí caminando y me resbalé de la tarima, me caí al fondo por una escalera, afortunadamente el público no se dio cuenta, porque todo estaba oscuro, esa fue la primera vez que salí con vestido entero, para mí el cambio fue drástico y para la gente también.

En medio de su éxito, de tantos seguidores y tanta fama, usted parece una persona muy sola, ¿es así?

El noventa por ciento del tiempo estoy solo. Tengo un mes de estar aquí en Colombia, sin ver a mi familia. Estuve en Barranquilla, en mi casa de campo allá, solo; aquí llevo tres días, solo. Y marica, la soledad es puerca. Pero prefiero tener un círculo de amigos muy cerrado.

¿Por qué?

Porque yo soy de las personas que creen que las cosas las debemos solucionar nosotros mismos, no hay ninguna persona, diferente a ti mismo, que te vaya a dar la solución. A veces a ese supuesto amigo le gusta es enterarse de las cosas para salir a hablarlas. Uno confía en X o Y persona y te da un consejo que no lo aplica ni él, y a la vuelta de la esquina anda diciendo: “Silvestre está mal, Silvestre está mal”. Por eso yo no le suelto lo mío a nadie, compadre.

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